domingo, 29 de abril de 2007

LA ABUELA FRIDMAN



LA ABUELA FRIDMAN

Liora tuvo deseos de tomar algo. En un rincón de la sala de espera había un surtidor de agua. Pidió, como disculpándose, un vaso de plástico.
-No tenemos vasos...respondió el joven empleado, y sonrió con calidez.
Liora pensó que quizás no sería tan terrible hablar con el abogado.

Su apellido resonó en la sala casi vacia ahora. Le indicaron la puerta que llevaba a los despachos de los profesionales.
Oficina número dos, Doctor Fridman.
Suspiró hondo y enfiló hacia su destino.
La puerta del despacho estaba totalmente abierta. Una joven muy bella, de largos cabellos ondulados y sonrisa franca, la invitó a entrar.
-¿ La abogada? - preguntó Liora, sorprendida.
- Cuénteme su problema.- La animó la joven con resolución.
Tuvo deseos de llorar y abandonar la idea del juicio.
El empleado joven, las dos mujeres árabes , el anciano preguntón de la sala de espera y la abogada parecian buenas personas. En ese plano se sentia desarmada.
- Si...La escucho, señora...
Liora contó su historia. Sentía las axilas húmedas y una penosa sensación de mareo.
- ¿Podria abrir un tanto la ventana, por favor...?
Al levantarse para acceder a su pedido, Liora notó que estaba embarazada. Lucía tan fresca.
Mientras la profesional llenaba papeles, Liora la observaba. Imaginaba a su futura beba, su cuna. Quizás seria el primero.
- Shalóm, sabta, como estas?
- Shalóm Alona-
Una anciana bien puesta, de figura menuda y cabellos grises, entró a la habitación sin que Liora se hubiese dado cuenta.
-Desayunaste, Alona?. Supongo que no-Pasaba por aqui y decidi traerte unas masitas dulces-Se que te gustan.
Sin esperar respuesta y como si formase parte del personal del edificio, continuó.
- Haces una pausa y tomas un café con unas masitas. La señora va a esperarte.
Liora la miró con simpatía y sonrió otorgando su consentimiento.
- Estas abuelas!!!-exclamó Alona- Creen que los nietos no han crecido.
- Sabta, gracias. Cuídate del frío- Nos hablamos,¿ sí?- terminó la abogada dirigiendole una mirada de cariño.
Si, nos hablamos. No olvides las masitas...-.

La anciana se alejó a pasos cortitos y rápidos. Alona-- ahora ya habia complicidad entre las dos mujeres- volvió a levantarse. Se dirigió hacia una pequeña salita contigua- Liora escuchó el sonido de la fotocopiadora al funcionar. Al regresar la abogada le entregó a Liora una copia de sus escritos. Le aseguro que se ocuparía del caso.
A esa altura de la mañana la mente de Liora era un espejo en el cual se pefilaban los rostros de Alona, su bebé y una abuela con masitas dulces en las manos. Sus lágrimas, infaltables en las buenas ocasiones, formaron una película tibia en sus ojos.

Liora se levantó para irse. Recogió sus papeles y agradeció emocionada. Se estrecharon las manos con naturalidad..
Al girar para irse notó el paquete con las masitas sobre el amplio escritorio.
- Doctora- dijo Liora, ahora con mas confianza. - No olvide tomar el café y comer las masitas que le dejó su abuela- Remarcó, señalando el paquete.
La abogada la miró interrogativamente.
- ¿Siempre es asi, o la mima por el embarazo..?
- Creo que se confunde, Liora - aseguró la profesional. -Desgraciadamente no tengo abuela. - Miró el paquete y agregó- Tal vez algun cliente o alguno de mis colegas. Me cuidan, sonrió..

Liora sintió un nudo en la garganta. Algo no estaba bien. Miró en dirección al pasillo de entrada y nuevamente al paquete sobre el escritorio.




La lluvia habia cesado y por la ventana entrabierta se vislumbraba un desorden de nubes y pájaros extraviados. Un sol muy pálido se insinuaba en el horizonte. Y allí, entre desdibujados azules y grises quejumbrosos, una anciana con cabellos grises al viento y un gastado abrigo oscuro, caminaba, presurosa, hacia algun lugar aún desconocido. Sus pasos eran breves y enérgicos. De pronto la anciana giró sobre si misma, y mirando a Liora a través de nubes y ventanas entreabiertas, le guiñó un ojo y siguió su camino.
Liora, asombrada, con renovadas lágrimas empañando sus ojos, pensó que tal vez, otras nietas embarazadas la esperaban para tomar un café caliente con masitas dulces.

RAQUEL FAERMAN

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